Por: Verónica Fernández

“Las personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas “

Era el año 1989, el año que cambio mi forma de pensar, dicen que los viajes  enriquecen… pues sí, te abren la mente y pude ver todo desde otra perspectiva.

Asistía a una escuela especial para aprender inglés como segunda lengua, y la experiencia fue maravillosa ya que mis compañeros eran de diferentes partes del mundo, era como un pequeño EPCOT… pero mucho mejor, y las clases consistían en compartir nuestras diferentes culturas.

Había Japonesas, tan hermosas, discretas y respetuosas. Un par de chicas de medio oriente, recién llegaditas así que aún portaban la “burka” que les cubría el rostro… con ellas no podía compartir mucho en el primer curso porque nadie hablaba nada de inglés. Pase unos meses en verdad muda… ¡no exagero!

Quien se convirtió en mi mejor  amiga fue una mujer de 30 años, Erika, era Suiza Alemana, la necesidad femenina de hablar hiso que nos entendiéramos con un poco de italiano que ella hablaba.

Yo empecé a ver a Erika como una hermana mayor y creo que ella igual me tomo cariño de hermana. Y bueno… yo la veía tan “perfecta”… nunca se le movía ni un cabello, su ropa era impecable, siempre portaba un hermoso bolso de piel, con un elegante pañuelo de seda;  en el que tenia perfectamente ordenada, su cartera, sus bellas gafas de sol y nunca le faltaba su periódico del día.

¿Cómo lo lograba?… se veía siempre tan… tan…”perfecta”, sus movimientos, postura impecable, su manera de dirigirse a las personas con aquella especial elegancia a pesar de no dominar el idioma.

Y en contraste estaba yo… un desastre… ¡en verdad! … cuando empezó el invierno, tenía que caminar dos millas entre la nieve, mi cabello y mi cara siempre estaban húmedas, tenía un abrigo que me prestaron  después de usarlo unos meses durante todos los días ya lo odiaba… y me sentía muy … muy torpe.

Erika se convirtió más que en una hermana, en una maestra personal, me enseño desde que comprar, así como las maravillas de la cachemira, (descubrí, que ese era parte de su secreto, así estaba calientita y no con tantas cosas encima… como yo) y lo más importante, me empezó a llevar al teatro, visitábamos  bibliotecas, asistíamos a galerías de arte,  la gastronomía también fue parte  importante de la experiencia. No gastábamos mucho conseguíamos descuentos, y cupones. También aprendí un poco a administrar. ¡Qué importante tener un modelo positivo a esa edad, con tiempo para enseñarte esas cosas que a menos que seas una “princesa”  nadie te va a enseñar!

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