Por: Anita San Martin

“Un corazón lleno de alegría es resultado de un corazón que arde de amor.” Madre Teresa de Calcuta

Hace algún tiempo leí un libro que lleva por título “Sembrando Alegría”  y desde la portada era una invitación a empezar un cambio en la manera de vivir. Relataba una serie de narraciones que el autor había tenido la oportunidad de ver y que reflejaban testimonios vivientes de hombres y mujeres que en definitiva vivían sembrando la alegría en su entorno, desde ese momento me propuse adoptar ese modelo de vida y luchar por hacerlo parte de mi rutina diaria.

¿Pero quiénes son los que viven sembrando alegría?

Personas que quisiéramos encontrarnos todos los días. Son hombres y mujeres que tienen algo que los distingue. Cuando nos despedimos de ellos, esperamos volver a verlos pronto. Nos dejan un sabor agradable. Cuando los recordamos, siempre se dibuja una sonrisa en nuestros rostros. Gente especial, gente que hace falta en todas partes, pero no en todas partes se puede encontrar, gente maravillosa, maravillosamente humana. Son los que están en el corazón del mundo, por ellos el mundo sigue vivo, sigue latiendo, camina, progresa, es mejor. Personas que viven sembrando alegría en su entorno, que se preocupan y se ocupan de cuidar los pequeños detalles de la vida. La alegría no es solo cuestión de temperamento, siempre resulta difícil conservar la alegría, y eso es motivo mayor para tratar de adquirirla y de hacerla crecer en nuestros corazones. La alegría es oración; la alegría es fuerza; la alegría es amor.

La madre Teresa de Calcuta decía algo muy cierto acerca de la alegría: “La alegría debe ser uno de los pivotes de nuestra existencia. Es el distintivo de una personalidad generosa. En ocasiones, también es el manto que cubre una vida de sacrificio y entrega propia. La persona que tiene este don muchas veces alcanza cimas elevadas.”

Cuando camines al trabajo o la escuela lleva contigo una sonrisa y saluda a todos con ella, la sonrisa no solo es expresión de alegría, sino también de salud, de esperanza, bienestar, grandeza y paz interior. Mira tú entorno y observa que puedes comenzar a mejorar en él, comienza en ti mismo, después en tu casa, luego en tu calle y posteriormente irás marcando la diferencia, la única manera de sembrar alegría es compartirla con alguien más, da más quien da con alegría. Ayuda al que te lo pida, pero más aún a aquel que en el silencio pide a gritos ser escuchado.  Da lo mejor de ti a cada persona que se cruce en tu camino, busca servir con alegría, recuerda que “El no que no vive para servir, no sirve para vivir”

La gente que vive con alegría acepta con amor todo lo que ocurre en su vida, no se centra en preguntar ¿Por qué? Y mejor pregunta ¿Y por qué no? , sabe que la alegría no depende de la posición sino de la disposición para vivir, son personas que están conscientes que no pueden evitar que el pájaro de la tristeza ronde por su cabeza, pero sí que anide en su cabellera. Reconocen que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional, por lo que sacan la casta, se levantan de cada caída y siguen avanzando con la firme convicción de que la felicidad no es algo que pueda encontrarse, se debe construir día con día.

Para mí vivir sembrando alegría no es una opción, es una obligación; últimamente me ha costado más trabajo  que en mis 22 años, pero no por eso he bajado la guardia, trato de levantarme por las mañanas y ver cada día como el primer día del resto de mi vida y hacer algo bueno con ello. Hay días en que me da el bajón, pero siempre encuentro un motivo para sonreír, comer en familia, darle un beso a mi mamá antes de salir de mi casa, hacer algo bien en mi trabajo, ver a mi sobrinita, jugar con mis hermanos, salir a comer con mis amigos, recordar que estoy viva, sana y rodeada de gente que me quiere, que Dios tiene un plan perfecto para mí y muchas cosas más que me obligan a definitivamente vivir con alegría y disfrutar de esas pequeñas cosas de la vida que me hacen sonreír, que me ilusionan, que me animan a vivir un día más, a disfrutar la vida, aprovecharla, admirarla y saborearla con todas mis fuerzas.

Si nos lo proponemos siempre encontraremos motivos para vivir sembrando alegría y estar felices. ¿Qué dices? Te animas a vivir sembrando alegría, probablemente primero será un camino difícil, pero te aseguro que es un camino que vas a disfrutar mucho, lucha cada día por vivir de esta forma de tal manera que los que te rodeen no deseen que te alejes de su presencia porque tú les haces la vida más amable, más amena, se tú el que deje ese sabor agradable, sé el motivo de que muchos rostros sonrían al recordarte, lucha, trasciende, deja huella.

“Una sonrisa es la luz en la ventana de tu cara, que avisa a la gente que tu corazón está en casa.” Sonríe y vive sembrando alegría. No esperemos a ser buenos y cordiales. Apresurémonos ya desde ahora a alegrar el corazón de todos durante la corta travesía de la vida. 

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