Por: Anita San Martín 

“Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo…. del miedo al cambio.” Octavio Paz

Hace unas semanas, en mi trabajo nos dieron un curso sobre “El cambio” como aceptarlo y adaptarlos a él. La verdad es que aunque el tema me pareció interesante, apenas y puedo entender completamente lo que significó en mi vida. Pensé que los únicos cambios a los que debía enfrentarme era el hecho de aprender a vivir sin mi papá o el de tomar la responsabilidad de dividir los gastos con mi hermano que antes pertenecían a mi papá, sin embargo no imaginaba todos los cambios que se me venía. Decirle adiós a compañeros de trabajo, cambiar de jefe, de oficina, adquirir nuevas responsabilidades, aprender a trabajar a un ritmo más acelerado del que ya lo hacía y algunos otros que estoy segura irán saliendo.

Aferrarnos a una situación que ya paso es quedarnos parados, y en la vida quien no se renueva, quien no avanza, se rezaga.  El cambio es necesario para el crecimiento personal. Lo saca de la rutina, le da un nuevo comienzo y le provee de una oportunidad para reevaluar el rumbo que lleva. Si te resistes al cambio, en realidad te estás resistiendo al éxito. Aprende a ser flexible o aprende como vivir con tus fracasos.

Cambiar asusta, da miedo, pero una vez que el cambio llega no podemos escapar de él, ni negarlo. Nos da miedo porque se presenta como una situación desconocida con la que no estamos familiarizados, entonces nos enojamos o nos deprimimos en lugar de tomar el toro por los cuernos y empezar a trabajar por aceptarlo y adaptarlo a nuestro entorno de vida. En particular ahora que se me han presentado todos estos cambios en mi trabajo, primero me asuste, luego me deprimí y por último me enfurecí y me pasé un par de días pensando en irme, en renunciar, en tirar la toalla, quejándome de todo lo que estaba aconteciendo y quizá en ese lapso perdí tiempo valioso para  avanzar en mis actividades diarias, para proponer soluciones, para concretar decisiones y entonces escuché a una señora decir que muchas veces nos pasamos la vida como víctimas de las circunstancias que nos tocan vivir, en lugar de hacer algo con ellas. Creo que tiene mucho que ver con lo que podemos denominar “el círculo de comodidad”. Es decir, todo aquello en lo que te sientes cómodo y que intentas perpetuar, porque cualquier cambio significa incertidumbre, inseguridad, incomodidad y otros muchos sentimientos relacionados con la propia capacidad de afrontar la vida en sí misma y todo lo que tiene de avance y evolución. 

El cambio es lo único constante en la vida. Resistirse al cambio es resistirse a la vida. Sencillamente, no funciona. Sin embargo no todos los cambios son deseables, no nos da lo mismo un cambio que otro. Y es ahí donde podemos intervenir con nuestro poder de decisión y acción conduciendo los cambios, para orientarlos al rumbo que nos importa. Esto puede ser una tarea a veces simple, a veces complicada.

Una vez leí que lo que tenemos que hacer frente a un cambio es, primero COMPRENDERLOS COMO NATURAL, y segundo ACEPTARLOS COMO NECESARIOS. Sin cambios no hay crecimiento, no hay desarrollo.

No puedo hacer nada contra los cambios que se están dando en mi vida, en primera porque mi papá no va a regresar, la muerte es algo natural, él solo se adelantó por lo tanto debo aceptarlo y adaptarme a esta nueva vida, en segunda; mi ex jefe no va a volver, no voy a poder quedarme en mi antigua oficina y no voy a poder seguir en mi “zona de confort”, así que debo aceptarlo, ver todos estos cambios como una nueva oportunidad para aprender  a trabajar con todo tipo de personas, para aprender y tomar responsabilidades que como alguien me dijo ya sea que en este o en otro trabajo me van a servir enormemente como experiencia. Finalmente el cambio es inevitable, el crecimiento es opcional.

“El cambio es, en sí mismo, la verdadera base de nuestra continuidad como personas. Sólo lo que puede cambiar puede continuar”. James Carse

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